Haciendo referencia al título del apartado, Cosecha propia, encontraremos poemas, metáforas y similares relacionado con lo poético, la Vega con su naturaleza y plantación. Comenzamos a sembrar . . . .
COMO UN ALMENDRO ENTRE OLIVOS
María García-Diéguez Gaytán
El escrito que encontrareis posteriormente es fruto de mis viajes de Sevilla, Cádiz a Granada y viceversa, en los que apreciaba el paisaje inolvidable de la Vega de Granada. De nuevo, mi inspiración. Gracias.-
Aquella mañana el sol salía por donde ayer salió, aquella
rama daba la misma sombra en el mismo lugar
y aquella flor de almendro poseía el mismo rosa intenso que ayer poseyó.
Nada parecía especial hasta que desde el tren me fijé en ese lugar, en ese campo
de olivos que solo destacaba por poseer ese almendro florecido en el centro.
¿Cómo se debe de sentir ese almendro entre tanto olivo? Quizás…… ¿especial?
Quizás…. ¿solitario? Quizás, quizás, ¿incomprendido? No lo sé, pero esa flor
parecía sonreírme, mi tren pasó de largo pero ella siguió allí y por lo que me
han contado felizmente a pesar de estar en lo más alto del árbol sin tener
contacto con las demás flores. Por lo que me han contado, a aquel árbol acuden
todas las tardes un grupo de niños que juegan hasta que se va el sol y una
parejita de enamorados que bajo la sombra del almendro se dicen mentiras amorosas
que enamoran a cualquiera. Por lo que me han contado, todas las flores de aquel
almendro esperan su llegada, todas menos una que apenas se entera de lo que
pasa. Todas las flores se divierten escuchando y esperan ser arrancadas para
así conocer sitios nuevos y marchitar en otro lugar, pero aquella flor de la
copa del árbol apenas se entera de nada, todas se ríen pero ella sigue
disfrutando en lo más alto. Ninguna otra flor desearía su lugar pero ella supo
apreciar el lugar que le había tocado.
Cuando floreció no entendió su posición, todas lamentaron su
mala suerte, todas menos una, y es que ella se negaba a lamentarse, por lo que
decidió apreciar ese lugar a pesar de solo ver olivos y no poder disfrutar de
lo q las demás flores disfrutaban. Todas dormían cuando los demás se iban a su
hogar. Todas menos una, ésta flor abría los ojos para ver pasar el tren de la
noche, para ver esa puesta de sol, apreciando
las estrellas, el silencio y esos pájaros que emigran. Al día siguiente el sol
apretó más de lo normal, llegaba el fin de esta pequeña flor que a lo largo del
día marchitaba. Todas lamentaban su situación pero ésta abría más los ojos,
acariciaba más que nunca aquella mariposa que se posaba y a aquella abeja q le
robaba todos los días. Llegó la noche y todas durmieron; todas menos una, una q
esperaba pasar aquel tren de la noche, el tren en el q iba yo. Una que esperaba
una última sonrisa q le respondiese, una última sonrisa que le entendiese.
Aquella mañana el sol salía por donde ayer salió, aquella
rama daba la misma sombra en el mismo lugar
y aquella flor de almendro… aquella flor de almendro ya no estaba. El tren
pasó a la misma hora pero yo…. Yo no iba
en él y es que la última vez decidí no cogerlo.
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